Madurar. Ella se dio cuenta que debía madurar el año que sus
padres le dijeron que de sus bolsillos no podía salir ni un euro más. Con una Carrera
Universitaria, un Master privado y acabando el Doctorado en Bioquímica, eso de vivir a costa
de papá y mamá se hizo harto complicado. Recuerdo que ese año, lo vivimos como
si fuese el último.
Comíamos juntos casi todos los días, dormíamos en mi piso
cuatro veces por semana, nos saltábamos las clases para irnos a pasear al
centro y, planeábamos días de biblioteca que
acababan en jornadas intensivas de cama. Debíamos exprimir el trocito de limón
que nos quedaba.
Cuando me lo contó, no dejó que las lágrimas saliesen de mis
ojos. Ella, con su madurez innata y el corazón encogido, me repitió una y otra
vez que no había por qué preocuparse, que todo saldría bien.
Y ese año, así fue. Todo
salía bien. Fuimos al parque, al teatro, al estadio de fútbol. El plan era
perfecto si nos sentábamos en la plaza de San Lorenzo con un simple paquete de
pipas como forma de pasar el tiempo, o nos premiábamos con un homenaje
culinario en la Calle Eslava. Feria o Semana
Santa, daba igual lo que fuese. Como única condición, estar juntos.
Recuerdo también que
ese año ella no paraba de leer.
-
Acabo de terminar “Soldados de Salamina”.
Deberías leerlo.
Yo le contesté que las novelas históricas me aburrían.
-
Pues léete “El Club de la Lucha”. Es cortita y
además va de tíos dándose ostias por la noche. Es la anterior que leí. Yo creo
que te puede gustar. Es entretenida.
-
No sé, Alejandra. Tampoco me llama mucho la
atención.
-
Si no, pues coge “El Retrato de Dorian Gray”. Es
la que he comprado esta mañana. Un buen
clásico siempre es agradable.
Cada día ella tenía una buena excusa para coger un libro y
para intentar que yo leyese. Cualquier momento era bueno. En el metro, como
pócima contra el aburrimiento. En los descansos
de clase, porque prefería quedarse dentro que verme fumar en la puerta. En
invierno, porque hacía demasiado frío para salir. En verano, demasiado calor. A mí me gustaba que me leyese ella. Cuando lo hacía en voz
alta para mí, era como si se parase el tiempo. Tú lo sabes porque te pasa igual
que a mí.
También fuimos mucho al cine. Bueno, en realidad ella quería
ir mucho al cine. Siempre había alguna película que le llamase la atención.
Pero, es que eran las más aburridas. Yo intentaba evitarlo y proponía cualquier
plan para no ir.
-
Con el día tan bonito que hace, ¿nos vamos a
meter en el cine?
Y como esa, cualquier excusa.
-
Vamos un miércoles, que es más barato. No, mejor
el jueves, que es el día de la pareja, y regalan las palomitas.
Al final, se le acababa olvidando lo del cine, o hacía como
que se le olvidaba para no discutir conmigo. Después, me confesó que hubiese
dado lo que fuese por cualquiera de esas tardes perdidas.
No puedo olvidar que siempre le parecía poco el tiempo que
pasábamos juntos. Aun así, me decía que estuviese tranquilo ¿Cómo podía estar
tan segura de todo?
-
No te vayas. Seguro que aquí encuentras algo.
- ¿Sí? ¿Cuándo? No seas tonto. Todo va a salir
bien. Sabes que siempre tengo razón.
Y casi siempre tenía razón. Si discutíamos por una fecha, al
comprobarlo, era cierto lo que ella decía. Que era un nombre el que nos hacía
entrar en disputa. Al final, llevaba razón. Daba igual lo que discutiésemos,
terminaba demostrándome que estaba equivocado.
-
¿Te acuerdas que me dijiste que Madrid está a
600 kilómetros?
-
Sí, claro.
-
Pues lo estuve mirando anoche y hay menos de 500.
¿Lo ves?
-
Aun así, está demasiado lejos.
¿Y qué? ¿No era lejos para nosotros? Lo era, pues pasábamos
horas y horas pegados el uno al otro. Todas, menos cuando había que salir, ahí
siempre llegaba tarde. Me llevaba las noches
abajo en el coche mirando su reflejo a través de la cortina, o apoyado en el
marco de la puerta del baño mientras se pintaba. No puedo olvidar el olor de su
perfume. Desde entonces se convirtió en mi fragancia favorita. ¿No lo hueles
ahora tú también?
Y cuando llegaba tarde, le
gustaba hacerme la broma de que si utilizase el tiempo de esperarla en
escribir, habría hecho una novela mejor que la de Groucho Marx. Yo refunfuñaba
mientras me sacaba la lengua a través del espejo. Que pereza me daba ponerme a
escribir ya vestido para salir.
Aquella tarde en la que tuve que mirarla a través del
cristal del autobús, no hacía más que decirme que estuviese tranquilo. Que todo
saldría bien. Que dónde iba a encontrar ella alguien que aguantase lo que yo
aguantaba y donde iba a encontrar yo una mujer como ella. Que era como ese
caramelo que tenía en las manos y se te escapaba de entre los dedos antes de
poder disfrutarlo. Que volvería para que todo saliese bien.
Y llevaba razón. Desde el día en que supo que debería
cambiar las cosas, buscó la manera de hacerme feliz e intentar encontrar un
trabajo que le diese la solvencia suficiente para vivir y volver después.
Siempre me decía que le frustraba el inconformismo que había tenido con las
cosas que eran buenas y, por otro lado, el conformismo que tenía con las que en
realidad no lo eran tanto. Yo no la entendí la primera vez que me lo dijo.
-
Es fácil. Siempre con nuestra relación he sido
inconformista, y ahora que se complican las cosas, veo que es lo mejor que
tengo. Sin embargo, el buscar un trabajo, que en realidad era algo que
necesitaba, lo he dejado pasar. Y ahora, no tengo más remedio que irme. Pero no
te preocupes, cuando vuelva, seguiremos juntos.
Después de aquello, después de que su mano me dijese adiós
mientras se alejaba, llegó el tiempo que no queríamos. El calendario pasaba
lento. Las horas, los días, las semanas, los meses, y por desgracia, los años.
Yo aquí solo. Ella allí, sola.
Y cuando se fue, también llevaba razón. Volvió. Con trabajo,
con ganas de luchar y con ganas de verme. Eso último, eso sí que tenía mérito.
Año y medio después naciste tú, Daniela.
Y ahora, pensarás que por qué te cuento esto. Que qué te
importa a ti lo que yo te diga si lo que quieres es que te saque del corralito
y te coja en brazos. Y es que te lo cuento porque mamá, como siempre, llega
tarde y a mí me da mucha pereza ponerme a escribir.
(Relato realizado para el Taller de Prosa de Ficción)